Way Down: De piratas y corsarios
E aquí la última película chorra fetiche de Mediaset: una especie de versión Lite de La Casa de Papel (Álex Pina, 2017) a modo de sueño húmedo de Odissey Marine Exploration, la empresa americana que ya tuvo algún altercado y fue empapelada por la justicia de varios países, incluida la española, por el dudoso rescate de pecios hundidos cargados de tesoros.
La premisa presentada por Way Down es justo esa: el
descubrimiento y rescate del pecio de una de las naves perdidas del corsario
(que no pirata, cuidado) Francis Drake es interrumpido por las malvadas lanchas
de la Guardia Civil con el logo de “Hacienda somos todos” y los valiosos vienes
de la antigua siniestrada nave quedan confiscados por la benemérita y
depositados en la cámara de seguridad del Banco de España, del cual
risiblemente se vende su seguridad como uno de los lugares más inexpugnables de
la Tierra con unos ingenios a prueba de butrones que ríase usted de los
cachivaches del doctor Bacterio.
Salta a la vista que la última cinta de Jaume Balagueró le echa morro y se monta al carro del éxito celuloso de la casa de ídem, si bien lo más risible son los topicazos sobre cómo nos deben ver los anglos expresados en boca de actores internacionales como el juego tronero Liam Cunningham (encasillado en su papel de marinerito de Caballero de la Cebolla) y el buen Norman Bates de Freddie Highmore como infalible nerd.
“Necesito tu mente. Porque no solo busco una solución a un problema… No sé ni cuál es el problema.”
Walter a Thom
El alucine de las viejas glorias nacionales (Jose Coronado,
Luis Tosar…) debió ser mayúsculo ante lo inenarrable del guion y su épica
locación temporal en pleno mundial de futbol de 2010 en el que Españita antes
de la caída fue grande un día más ganando el Mundial de Futbol de Sudáfrica
(¡Waka, Waka!). Este es uno de los psicotrópicos puntos de crucial importancia
en los que se sustenta la acción, entre otros topicazos que paso a documentar
con regocijo a continuación.
El primero, eso de que los ingleses han sido de toda la vida
de Dios unos piratas es totalmente falso. En todo caso eran corsarios al
servicio de la corona inglesa y los malvados son los picoletos por abordar una
operación de rescate a las bravas aunque los tesoros estuvieran en aguas
nacionales y su pertenencia correspondiera a los Austrias.
El segundo, pese a que el Banco de España es el lugar más
seguro del mundo, cuatro mataos pueden colarse tranquilamente por la ventana,
que aquí no pasa nada. Y en el lugar más seguro del mundo, el gobernador del
banco que es como el abuelo de Médico de Familia (si, la del Aragón) fuma por
la ventana y el jefe de seguridad (Gustavo, sin más, pedazo construcción de
personajes) es un energúmeno malcarado con cara de pocos amigos a quien pese su
sapiencia no hacen más que colárselas dobladas.
Y es que para acabar, y que no es poco, en todo momento cual milagrosos Deus Ex Machina a lo Equipo A todos los miembros de la banda salen impunes y enteros de las situaciones más inverosímiles en un prodigioso corre corre que te pillo, Iniestazo mediante, en el que acaba degenerando la acción. Será por eso, que como no son piratas ni ladrones eso de mangar en realidad no se les da tan bien, pero de lo que se dice potra van sobrados.
Pese al despropósito, bueno… se puede decir que puede verse
y sirve para pasar un rato de noche de sábado no demasiado bochornoso, por lo
que aunque sea por el simple entretenimiento le daremos un aprobado en La Retrovisión... y es que se me hace
cuanto menos extraño, que Jaume Balagueró más conocido por sus REC y películas
de terror en general, se embarcase en un género tan trillado, con un referente
como es el de La Casa de Papel difícil de mejorar, y menos con un largometraje simple
y alimenticio que parece más un producto de marketing que una propuesta seria, del cual dejan para más inri un final abierto que promete segunda parte.

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